La ciencia de la máscara de hierro: los datos negativos esperan ser publicados

Por cada artículo que sale en una publicación científica existe un hermano gemelo no deseado, oculto, a la espera de salir a la luz. Como el personaje de Alejandro Dumas, los datos erróneos o no concluyentes se mantienen en las sombras. A este fenómeno se lo denomina “sesgo de publicación” (publication bias) y no se limita a un mero conjunto de investigaciones poco felices que nunca fueron publicadas, sino que se trata de un problema que influye a gran escala en  los resultados de futuras investigaciones.

El sesgo de publicación es el pecado por omisión de muchas de las editoriales que prefieren publicar resultados significativos e investigaciones concluyentes, para favorecer el carácter ejemplar de éstas, como si la ciencia sólo persiguiera un pretencioso didactismo.  Pero el  freno a los resultados negativos no es exclusivo de las editoriales, sino que forma parte de la cultura científica que se utiliza a la hora de juzgar el trabajo de un investigador, aprobar una línea de trabajo, o asignarle fondos. Tal como plantean Natalie Matosin y otros en el artículo “Negativity towards negative results: a discussion of the disconnect between scientific worth and scientific culture”las agencias científicas y organismos de financiación no están libres de culpa al respecto y los investigadores suelen evaluar líneas enteras de investigación en términos de impacto. Cabe preguntarse si prevalece cierto temor por parte de los investigadores de que publicar este tipo de resultados pueda ir en desmedro de su reputación e invalide la citación de sus futuros trabajos.

negative_resultsAl otro lado del espejo, mientras tanto, quedan los intentos fallidos, los artículos inconclusos y las pesquisas truncas que no consiguieron arribar a buen puerto. No se debe olvidar un aspecto sustancial de este fenómeno, ya que se trata de información importante dejada de lado, datos necesarios para corrientes y futuras investigaciones, información que puede allanar el camino a muchos, advertir y hasta reformular trabajos por completo. Errando discens reza la expresión latina, y no quiere decir otra cosa que “equivocándome, aprendo”, una verdad de perogrullo  cuya vigencia es, sin embargo, inagotable: el conocimiento de los errores es vital para planificar las nuevas investigaciones, para administrar y repensar los recursos,  y para no volver a recorrer un camino erróneo que ya han cursado otros.

Por suerte, estos antihéroes del sistema científico están comenzando a ser revalorizados: PLoS One lanzó en febrero un volumen llamado The Missing Pieces: A Collection of Negative, Null and Inconclusive Results, dedicado a la publicación de resultados inconclusos; Journal of Negative ResultsJournal of Negative Results in BioMedicine son también revistas dedicadas a los resultados inesperados, controversiales, provocadores o negativos. El problema persiste, a pesar de este tipo de esfuerzos, y las publicaciones evalúan los resultados de un artículo y no todo el proceso que le dio lugar. Es esperable que en los años venideros se aliente a los investigadores a revelar más datos y dar a conocer los entretelones no siempre exitosos de los experimentos, investigaciones y proyectos que se llevan a cabo. Tal vez sea sorprendente la  cantidad de estudios errados y seguramente será necesario establecer criterios para regular qué tipos de errores vale la pena publicar, pues el fallo es parte de la naturaleza humana y hacerlo visible podría ser una conducta saludable para la comunidad científica, pues a fin de cuentas “el acierto es breve, y el error eterno”.

 

2 comentarios

  1. Hola, no podia estar mas de acuerdo con el post, los resultados negativos son una pieza fundamental en el avance de la ciencia. En 2008 fundamos The All Results Journals, unas revistas con filosofía Open Access Total (donde ni el autor ni el lector pagan por publicar o leer los articulos) dedicada exclusivamente a la publicación de resultados negativos. Agradecería que le dieseis un poco difusión en vuestro medio, ya que no tenemos los recursos de los grandes como PLOS, BiomedCentral o Elsevier.
    Un saludo,
    David A

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