Volver al futuro: la permanencia en el tiempo de los archivos digitales

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¿Es posible almacenar datos, documentos, imágenes, o videos por siempre? ¿Qué tan confiables son los soportes en los que depositamos una parte cada vez más importante y creciente de nuestra vida? En una esclarecedora nota publicada en el diario La Nación, Ariel Torres nos advierte sobre los peligros de la obsolescencia de nuestros contenidos digitales.

Si bien suele considerarse al entorno digital como el gran salvador del patrimonio de la humanidad, no hay que perder de vista dos puntos esenciales:

  1. La propia naturaleza de los objetos digitales que los hace efímeros.
  2. La  tecnología que los porta está en constante transformación, y, sin una adecuada vigilancia, puede dejarlos inaccesibles.

Torres cita en su nota el aporte de Vinton Cerf , uno de los inventores de internet, que sostiene que se avecina un cataclismo digital: los programas que utilizamos diariamente para trabajar nuestros documentos se volverán obsoletos muy pronto.

Bit rot
“Gradual degradación del medio de almacenaje o de los programas y documentos digitales a raiz del paso del tiempo.”

Las palabras de Cerf pueden sonar apocalípticas, pero la seriedad con la que se debe atender a estas cuestiones no es menor; asistimos constantemente al “bit rot” (putrefacción de bits o “degradación de datos”), y, si no llevamos a cabo las transformaciones adecuadas,  los “primeros pasos de la humanidad en el mundo digital se perderán para los historiadores del futuro”. Esto se desprende de la observación de que aquellos programas que se encuentren en desuso dejarán de funcionar una vez transcurrido un determinado tiempo. De allí se deduce que los formatos nativos de estas aplicaciones dejarán de ser legibles para las tecnologías venideras. La teoría del bit rot explica la degradación de datos de una manera análoga a la radioactividad: a medida que el tiempo pasa, su contenido, su código, se hará mas confuso e intrincado para las nuevas tecnologías.

El autor suma a esto un agravante: muchas de las tecnologías usadas para producir y reproducir la documentación de nuestro tiempo son propietarias. Si la compañía detrás de estos protocolos desaparece o si esa tecnología es discontinuada, las posibilidades de acceder a los datos se reducirá en consecuencia.

Tenemos que preguntarnos, entonces: ¿Qué tan cuidadosos debemos ser en este aspecto? ¿Qué formatos son seguros y están pensados para preservar nuestros contenidos digitales? ¿Cómo podemos combatir esta problemática?

Algunas estrategias para evitar estos inconvenientes son la migración de formatos y la emulación de programas que aseguran su supervivencia para el futuro.

En este sentido existe también la exploración en el campo de la llamada preservación digital, es decir el conjunto de prácticas de naturaleza política, estratégica y pragmática destinadas a asegurar el acceso a los objetos digitales a largo plazo. (Fuente: SEDICI)

Varios estudios e iniciativas han comenzado a estudiar el problema en la última década, pero la problemática de la preservación requiere el consenso de muchos actores, no sólo de los usuarios individuales sino de especialistas, instituciones e inclusive gobiernos. En SEDICI pueden navegarse varios artículos y presentaciones cuyo eje gira en torno a preservación de documentos. En ocasión de la XX Asamblea General de Istec en Puebla, México, se abordó el tema de la “Preservación digital en el entorno SEDICI-DSPACE”, y más recientemente se trató la problemática en el curso conjunto UNLP-UCM, “Preservación digital de documentos”,  bajo el título “Preservación digital de documentos. Archivos, bibliotecas y museos”.

Evidentemente la preservación digital no es un tema que los repositorios, las bibliotecas y las universidades deban tomar a la ligera, ¿qué estamos haciendo para asegurar la preservación de lo que consideramos importante?

 

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