Cultura digital abierta

Comencemos por algo que parece una verdad de perogrullo: la cultura digital no es el futuro, ya es el presente. Si bien estamos asistiendo a un proceso que no ha hecho más que empezar, eso mismo es lo que nos hace parte de algo que está ocurriendo aquí y ahora.
El mundo entero está concentrando una gran cantidad de esfuerzos para que cada vez más materiales puedan ser accesibles a través de internet, sobre todo aquellos que son parte del patrimonio cultural de la humanidad (es probable que una discusión profunda sobre los límites de este patrimonio deba ocurrir en algún momento no muy lejano).
Lo interesante es que los resultados de esos esfuerzos están ya en abierto, porque cualquier persona tiene derecho a acceder a las piezas que constituyen el rompecabezas cultural en el que está inmerso.
La página The public domain, por ejemplo, hace públicos los resultados de gran cantidad de proyectos de digitalización de materiales nacidos en culturas de habla inglesa.13990226270_0238f12570_c
Entre otras tantas cosas, puede accederse a una hermosísima edición de Las aventuras de Cenicienta publicada a principios del siglo XIX. También se pueden consultar dos ediciones distintas del Orbis Sensualium Pictus (“Imágenes del Mundo Sensible”) de John Amos Comenius. La primera edición en latín y alemán data de 1705 y es considerada pionera en el ámbito de los libros pedagógicos ilustrados para niños.

Dentro de la cultura hispanohablante, la Biblioteca Digital Hispánica exhibe en forma abierta una gran cantidad de materiales sumamente heterogéneos e interesantes.

Por ejemplo, se puede acceder a nueve pliegos sueltos, quijoteque circularon en la Edad Media. Esa forma de circulación de la literatura y otras textualidades está, como puede leerse aquí, íntimamente relacionada con el nacimiento de los medios masivos. Además, también puede verse una edición de 1605 del Don Quijote de la Mancha, la primera novela en habla hispana. Y atención, porque no es la única de ese año en el acervo de la colección.
Estas colecciones son de gran interés, no solo para aquellos que quieran visualizar los primeros registros de la cultura mundial impresa, sino también para investigadores y críticos que quieran acercarse a ediciones que no son accesibles sino a través de la red, por obvias razones de preservación de unos materiales tan delicados.
Esperamos que este tipo de proyectos crezcan y se multipliquen en todo el mundo.

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