“El principio de acceso” de John Willinsky

El MIT, desde hace ya un buen tiempo, está produciendo una serie de trabajos orientados acuestiones específicas que hacen al movimiento del Acceso Abierto, a entender al movimiento y a dimensionarlo correctamente. Prueba de ello son el libro que publicara Peter Suber y asimismo este libro: “The Access Principle, The Case for Open Access to Research and Scholarship” de John Willinsky, del cual ofrecemos la traducción al castellano de un fragmento:

“En el ocaso del siglo veinte, la ordenada pero modesta biblioteca que reposa en los jardines del Instituto de Investigaciones Médicas de Kenia (KEMRI) de Nairobi sólo podía suscribirse a cinco revistas médicas. Según me explicó Nancy Kamau, la bibliotecaria del instituto, desde que el KEMRI abrió en 1979, se vio forzado a recortar su lista de suscripciones de a un título por año, puesto que los precios no paraban nunca de exceder su presupuesto y la moneda de Kenia fluctuaba. Era una verdadera pena, me señaló Kamau, que las últimas cinco suscripciones, que apenas podían pagar, no incluyeran las principales revistas sobre el tema de mayor interés del KEMRI: las enfermedades del trópico. ¿Cómo podría el KEMRI apoyar sus proyectos en curso sobre biotecnología, lepra, malaria, salud pública y demás áreas si contaba con una muestra excesivamente pequeña de la literatura relevante? El financiamiento para estos proyectos, que provenía de la colaboración con naciones desarrolladas (ya sea desde el Wellcome Trust del Reino Unido o bien desde el Walter Reed Institute of Research de Estados Unidos), iba dirigido a los salarios, a apoyar a los estudiantes y a mantener andando el instituto. Y aunque los profesores del instituto habían encontrado algunas maneras de hacerse con algunos artículos específicos, tal vez pidiéndole una copia a algún colega que alguien conociera en Occidente o quizás trayéndolo cuando alguien estaba de viaje, el principal centro de investigaciones médicas de África del Este estaba operando en un vacío de literatura.
Entonces, en junio de 2001, ocurrió un momento bisagra. Según me explicó Kamau, la Organización Mundial de la Salud consiguió convencer a seis de las principales corporaciones editoriales de revistas de proporcionar a las naciones en vías de desarrollo acceso abierto a las ediciones electrónicas de sus revistas médicas. Esto significó que el contenido en línea de un número importante de revistas médicas repentinamente estuvo disponible sin cargo para profesores y alumnos del KEMRI y de otros lugares. El programa, conocido como HINARI (Health InterNetwork Access to Research Initiative), ha crecido hasta albergar hasta 2000 revistas del campo de las ciencias médicas y no pasó mucho tiempo hasta que la iniciativa registrara más de 1000 instituciones de 101 países de entre los menos ricos del mundo.
Cuando la visité en junio de 2003, la biblioteca del KEMRI tenía solo una computadora para que sus empleados utilizaran Internet, y había una planillita para que se anotaran profesores y alumnos y así poder conseguir algo de tiempo para examinar la nueva riqueza disponible en literatura científica gracias a la iniciativa. Una universidad local les había enviado otras seis computadoras, que todavía descansaban en sus cajas, en un esfuerzo porque el KEMRI pudiera sacar ventajas del beneficio del acceso a las revistas que necesitaba. El repentino y radical viraje en la fortuna intelectual de los alumnos y profesores del KEMRI estaba hablando de cómo Internet se estaba comenzando a usar de forma innovadora para aumentar el acceso a la investigación. HINARI ofrecía un modelo especial de acceso abierto a la literatura médica, y ciertamente fortaleció la capacidad del KEMRI de cumplir su promesa como centro de investigación y entrenamiento. Pero la introducción de este acercamiento al acceso abierto a las publicaciones académicas tiene también un impacto público que se extiende más allá de la comunidad académica.”

Para leer el libro completo en inglés, haga click aquí.

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